Acoso callejero en Chile: ¿ha cambiado y/o disminuido durante los últimos años?

Esta entrada la vengo pensando desde la semana pasada, aquí contaré mi experiencia personal con el acoso y las experiencias de compañeras que me han respondido hoy, Sábado 29 de Septiembre, a través de un cuestionario que levanté por historias de Instagram. Debo admitir que tengo la guata revuelta con los testimonios que me llegaron, me duele el cora y siento un asco tremendo hacia las situaciones que les ha tocado vivir.

Es un poco obvio que el término acoso callejero tiene distintos significados para cada persona, algunes consideran que sólo incluye cierto tipo de actos, otres lo toman más profunda y personalmente como yo, para mi el acoso callejero tiene una definición bastante fácil de entender: SI LO QUE TE HAGAN/DIGAN TE MOLESTA O INVADE CUENTA COMO ACOSO. Algunes dirán que soy una exagerada, que no es pa’ tanto, pero para mi si, a mi me molesta demasiado, me descoloca, me enchucha y me repugna.

Mi experiencia:

Creo que comencé a sufrir acoso callejero desde que iba en primero medio u octavo básico esto es 2011/2012, era muy típico recibir piropos, besos a la distancia o que me pitaran desde los autos, incluso cuando iba con uniforme, con mi mamá, con amigues, etc. Era horrible.

Hace unas semanas me percaté que ya no me pasaba tanto, ya nunca me tocaban la bocina. Comencé a preguntarme por qué. ¿Sería porque los viejos verdes preferían colegialas o menores de edad?, ¿sería que ya estoy “pasadita en años”?, ¿sería que estoy fea? o ¿será que el acoso callejero ha disminuido o cambiado con los años?. Luego de tener todas estas preguntas en mi cabeza comencé a fijarme más en los tipos de acoso que sufro ahora, quedé impactada:

En mi caso el acoso ha subido de grado, me dí cuenta que desde el año pasado muchos tipos se han atrevido a pararme en la calle para pedirme el número, o me han comenzado a hablar en el metro con el mismo fin, en las fiestas (y en encuentros masivos como conciertos) pasa que cuando los hombres intentan abrirse paso entre la multitud aprovechan de manosear a todas, agarrándolas de la cintura, me incluyo en ese todas, es detestable (como anécdota: un día en una disco un tipo me agarró la cintura 3 veces en diferentes ocasiones, estaba tan enojada que a la tercera vez me di vuelta y lo encaré con un “oye weón que te creís, me hay corrido mano tres veces ya y también a otras niñas que están bailando, te tengo cachado, sale de acá pervertido culiao, en serio que te creís”, el tipo negó todo con cara de miedo y al instante agarró al amigo y se fueron de la disco, jajajaj me sentí tan poderosa).

En el metro me ha pasado dos veces que tipos me han hablado, una vez un zorrón (traduzco para las compañeras que no son de Chile: tipo canchero, de clase alta generalmente, con melena y que usualmente viste ropa de marcas asociadas con el surf, snowboard y otros deportes extremos. En Argentina les dicen chetos, en México fresas) me ofreció darme el asiento y luego de que yo le dijera que no, me comenzó a hablar para finalmente pedirme mi número de teléfono, me negué y me bajé del vagón (gracias al cielo era mi estación). Otro día un chicoco que vendía agua embotellada se me acercó a ofrecerme, yo tenía una botella en la mano así que le dije “no gracias, ya tengo” de ahí me empezó a meter conversación para finalmente invitarme a tomar helado al mall, era simpático el cabro pero obviamente me negué, en esa época estaba con alguien y si hubiese estado soltera probablemente me hubiera negado también, por miedo a que me hiciera algo, encuentro que no es normal que alguien muy “x” se acerque a hablarte en la calle, sin vergüenza alguna, como si te conociera desde siempre.

Hace dos semanas iba camino a mi casa y un tipo de 30 años aproximadamente me paró para preguntarme por una calle. Yo, debo admitirlo, iba media ebria porque me había tomado un terremoto (bebida alcohólica chilena) por lo que la dirección me sonaba pero no recordaba hacia dónde quedaba, así que le dije que no tenía idea. Seguí mi camino y me acordé, así que me devolví gritándole al tipo “¡Heeey si sé donde queda!”, a lo que me dice “te arrepentiste eh?” lo ignoré, le comencé a explicar pero el weón estaba en otra, me miraba fijo a la cara y de repente me dice “son bacanes tus lentes, me recuerdan a la gelatina (tenían vidrio verde), eres muy linda” a lo que yo respondo “eh, ya.” y le seguí explicando hacia donde tenía que caminar. Al terminar me intenté ir (quería puro salir de la situación) el tipo me agarra el brazo y me dice “oye”, supuse que quería mi número o invitarme a algún lugar por lo que dije “NO”, me solté y me fui. Me sentí poderosa de nuevo pero esta vez con miedo, mucho miedo, debo decir que todo el camino miré para atrás chequeando que el tipo no me estuviera siguiendo. Horrible.

Ayer viernes, le conté a una amiga de la universidad que quería publicar una entrada como esta, le dije que hacía tiempo nadie me tocaba la bocina en la calle y blah, blah, blah. En la tarde nos fuimos juntas caminando a tomar el metro, un taxista nos tocó la bocina y nos lanzó un beso, no atinamos a hacer nada y nos lamentamos por ello, pero ¿qué podríamos haber hecho en una situación así, donde el tipo ya estaba a metros de distancia?… Detestable.


 

Ahora, relatos de compañeras que respondieron por Instagram a mi pregunta: ¿Ha disminuido/cambiado el acoso callejero en los últimos años (2012-2018)?

Ha disminuido:

Muchas me respondieron esto, que ya no les pasaban cosas “tan asquerosas” como antes, que en las construcciones los trabajadores ya no les gritaban groserías pero que en la calle muchas sentían miradas calientes por parte de hombres, que las desvestían con la mirada. Todas expresaron asco hacia estas situaciones.

En Santiago no me ha pasado tanto pero…:

Universitaria de 18 años, citaré:

En Santiago sólo una vez me tocaron la bocina pero nunca me han gritado nada ni me han parado en la calle. Ahora, en Rancagua es muy diferente. Caminando por la Alameda diría que 1 de cada 5 viejos que pasan en auto te tocan la bocina.

Y en el pueblo donde vive mi abuela, Rengo, (que voy casi todos los fines de semana) (…) es un asco, ahí si que literalmente todos los hombres en auto que vayan solos o en grupo te gritan, hacen ruidos con la boca, te tocan la bocina, etc. Cuando camino por la calle también pasa eso pero nadie nunca se me ha acercado.

Queda claro chiques, Rengo esta lleno de acosadores (funados por jiles) así que cuidado amigas cuando vayan!. El relato habla por si solo, el acoso sigue presente, sobre todo en ciudades chicas.

Me acosan hasta en el supermercado:

Universitaria de 20 años, una amiga muy cercana:

Weona siempre me gritan cosas, todos los días, también tocan la bocina, a veces caminando me susurran cosas al oído.

¿En qué comunas de Santiago te pasa generalmente?

En todas por las que he pasado, creo que en Las Condes no, pero en el resto sí. Weona hasta en el supermercado. De repente estoy viendo alguna cosa y pasa un culiao y me susurra al oído, cuando voy a reaccionar el tipo está en otro pasillo.

Mantengo las malas palabras para no quitarle veracidad al relato, siento que es importante destacar cómo el uso de éstas denotan la repugnancia y rabia que se siente en este tipo de situaciones.

No uso sostenes y se me insinúan por eso:

Chica de 19 años, cito:

Mmm, según yo, aumentó (el acoso callejero). A mi antes sólo me tocaban la bocina o me gritaban cosas los maestros (trabajadores de la construcción).

El otro día salí y un viejo rancio estacionó su auto y comenzó a seguirme súper lento, en la micro (autobús) también un tipo más o menos de 30 (años) iba sacando fotos.

Cuando era más chica me sentía un poco más segura, ahora nada.

Quedé un poco shockeada así que le pregunté: ¿Sacando fotos cómo?

Pucha, yo iba atrás cachai y el loco sacaba fotos a las niñas escolares muy descaradamente.

Luego sigue relatando otra anécdota:

Una vez también salí con una amiga cachai, como en Junio. Eran tipo 2 de la madrugada y estaba esperando a mi papá que me iría a buscar, estaba afuera de la casa de mi amigo y pasa una camioneta de esas de Teniente (las usan en minería, generalmente son de color rojo y 4×4), nos grita algo y sigue, dos cuadras más allá se detiene y se devuelve en reversa, con mi amiga no sabíamos que chucha hacer. Los weones nos preguntaron para dónde íbamos, si queríamos ir con ellos, después se fueron cagados de la risa.

Más anécdotas por parte de está chica (wow):

Yo no uso sostenes cachai, siempre subo fotos (a redes sociales), a veces se me marca el pezón y en verdad me vale, pero hay enfermos culiaos que te juro, me responden “oye me paso rollos porque subes esas fotos, me calentai, después no digai nada” y es como 🤢 (emoji con nauseas).

Los bloqueo a todos pero igual que paja, cavernícolas culiaos.

¿Y los enfermos que te hablan de que edad son más o menos?

La mayoría son como de 19-20, hay hartos pendejos (traducción: personas menores que una) también de 16-17, son de Rancagua y Santiago.

“Mueven el pene desde lejos”, acoso en las discotecas del Barrio Bellavista:

El Barrio Bellavista es conocido en Santiago por ser una de las casas del carrete/fiesta/peda, si no has ido a Bellavista no eres santiaguine de verdad, si estás en la universidad y nunca has ido, peor!. En el lugar existen muchas discotecas y bares de mala muerte, todo es muy barato, abundan les ladrones, asaltos y los casos de violación por drogas. Es súper peligroso, no sé por qué nos vamos a meter para allá…

Una ex compañera de colegio, ahora universitaria, me envió esto:

Yo nunca había ido a Bella (Barrio Bellavista) sin un grupo grande (de personas, amigues), anoche fui una amiga y yo, entonces por lo mismo como que nunca había estado tan atenta a todo.

Fuimos a muchos lugares escapando de flaites (en verdad, más que flaites, se veían como malos, peligrosos). Filo, como nunca vamos para allá ni cagando cachamos cuales son los lugares buenos y fuimos a Oxford (un bar).

Vi como mi amiga bailaba y atrás de ella se paraban no sé, como 5 tipos a mirarla, parados bailando sólo mirándola y moviéndole como su pene pero de lejos, no sé, en verdad muy chocante la weá.

(…) Pasó un gallo (traducción: un tipo, hombre) muchas veces detrás de nosotras y para pasar nos tomaba la cintura, pero en verdad lo más chocante era ver a weones sólo mirando a las minas como bailaban, realmente como un objeto, ni cagando con la intención de sacarlas a bailar o no sé, interactuar, que sé yo. La weá era como ir a ver minas moviéndose y moverles el pico (pene) de lejos como haciéndose los simpáticos para ver si los pescaban (tomaban en cuenta). De verdad fue asqueroso.

Ver también a minas haciéndose parte de el hacerse objeto cachai? (…) había una tipa de 40 (años) más o menos. Ella usaba un vestido de los que se abrochan adelante con botones, muy normal en verdad, pero la loca no se lo abrochaba todo, no sé como explicarlo, parte del outfit era mostrar su sostén calipso, (…) Podís pensar como “es cosa de ella, bacán” pero bailaba con un loco que la estaba punteando (traducción: rozar el pene contra, generalmente, el trasero de alguien, se da mucho cuando bailas reggaetón), cosa de ella también, pero veías al rededor más simios culiaos mirando la escena. No sé, demasiadas contradicciones…

Mis alumnas me cuentan sobre el acoso:

Profesor de colegio de niñas, 27 años, Concepción:

Yo hablo harto esto en el colegio porque le hago clase a puras niñas y me han hecho varios trabajos donde tocan el tema. Lo más relevante que he notado es que el acoso callejero que ellas sufren (te hablo de niñas entre 14 y 18 años, de enseñanza media) lo sufren por parte de gente mayor a ellas, tipos a partir de 30 años y de ahí para arriba cada vez es más. Y les pregunto qué onda los tipos de su edad y me dicen que no existe acoso callejero por parte de sus pares, ni hombres ni mujeres.

Es como un buen dato a tener en cuenta, que el acoso lo sufren siempre de gente mayor que ellas.

(…) Yo mismo cuando iba en el colegio, hace 10 años, era súper habitual ver a mis compañeros acosando minas en la calle como algo muy normal. Obviamente esos mismos weones son “los de 30” que siguen con las mismas prácticas, aunque son menos que los más viejos, onda cuando yo tenía 18 (2009), el acoso también lo sufrían entre personas de la misma edad.

 


 

También hablé con un “ex acosador” que me contó que había dejado de tocarle la bocina a las mujeres en la calle, lo dejaré para la entrada de la próxima semana ya que tuvimos una conversación súper extensa y en cierto modo, “interesante”.

Cerrando esta publicación quiero concluir que, el acoso callejero sigue existiendo, expresado de diferentes maneras, incluso yo diría que más violentamente.

A todes nos ocurre de diferentes formas tal vez, pero sigue aquí, probablemente algunes lo hemos dejado de notar porque lo comenzamos a normalizar, pero claro está que no ha desaparecido con el paso de los años como yo llegué a pensar en algún momento.

Niñes, les llamo a replantearse la situación, como lo estoy haciendo yo, juntas démonos cuenta de lo que pasa en las calles A DIARIO, juntas tomemos consciencia sobre ello e intentemos idear alguna manera para detenerlo a largo plazo, ¿ustedes tienen alguna idea? yo ninguna. Si es así siéntanse libre de escribir en los comentarios o contactarme mediante el formulario que está en mi blog (dice contacto).

Saludos y buen fin de semana! (o lo que queda de él)