(¡Nueva colaboradora! ¡yupi!) Francisca Luco: Sí, queremos cambiar el mundo.

Habemus nueva colaboradora del blog! Su nombre es Francisca Luco, una bella y creativa veinteañera que aprecio mucho. Aquí va su primera publicación!

Probablemente el título te suene pretencioso, gigante, inalcanzable, pero lo que no puedes negar es que te suena irremediablemente juvenil y es que eso somos, veinteañeras que queremos poquito, una cosa poca no más; cambiar el mundo. 

Algo tan grande asusta, especialmente a aquellos que han perdido las ganas y la jovialidad, es común por ejemplo que nuestra familia no nos entienda y que tachen nuestro ánimo de circunstancial, pero no, nosotras sabemos que no es eso. 

Tenemos un semblante rebelde que a cada causa que considera justa allá va y es de eso de lo que quiero hablar hoy. Venimos de padres que crecieron en tiempos ideológicos ‘rígidos’, con esto me refiero a que si eras de izquierda, morías de izquierda, por ejemplo. De ahí a que muchos mayores digan que ya es demasiado tarde para aprender cosas nuevas o cambiar su manera de ser. Sin embargo, lo curioso es que eso es lo que hoy está en disputa. Deconstruirse se trata de eso (sé lo manoseada que está esta palabra, pero me doy la libertad de usarla igualmente), se trata de aprender cosas nuevas y eliminar lo añejo, algo que la generación anterior nunca siquiera intentó. Se trata de ser flexible con lo que creemos, se trata de asumir que si soy feminista hoy puede que esté equivocada y no sea así para siempre. Un ejemplo rápido, es el veganismo. Culturalmente todos nacimos comiendo carne, mas basta información para darse cuenta que esto no es justo para un grupo importante de seres vivos y posteriormente adherirse a esta causa. 

Es difícil, sí. 

Muchas veces nos duele aceptar que estamos equivocados, duele saber que estamos siendo machistas y también duele saber que comer animales como lo hemos hecho siempre genera un enorme daño. Es este dolor el que generalmente crea una especie de ceguera mezclada con orgullo que impide a las personas barrer con lo que no aporta a crear una sociedad más justa. 

Duele sí, pero no por eso es imposible. Queremos cambiar el mundo, repito. A veces estas ganas son más grandes que el dolor, y es que son gigantes, tan grandes que a cada causa justa que se me atraviese por delante le diré que sí porque mi mayor deseo es generar un cambio mientras viva.

Suena ingenuo, lo sé, pero estoy segura de que algún día el mundo será más justo, porque ya somos caleta los que tenemos estas mismas ganas y ojo que no estamos cansados, tenemos para rato.