El empoderamiento dura hasta que nos encontramos de frentón con nuestro abusador.

Esta entrada se venía súper interesante, se iba a tratar sobre el síndrome pre menstrual y sus efectos en la cuerpa con y sin pastillas anticonceptivas, pero ayer me pasó algo muy chocante; esta semana la verdad, ha sido demasiado chocante en general.

Mi universidad está en plenas elecciones de Federación de Estudiantes y el lunes pasado apareció un testimonio anónimo en Facebook de una compañera que clamaba haber sido abusada sexualmente por el presidente de la lista del Movimiento Gremial, Ignacio Palma (más info aquí). Cito las últimas palabras de su publicación:

“pero verlo a él, por todos lados me hizo mal. Tuve un ataque de pánico, y no me he atrevido a ir a la U en toda la semana. No sabía que hacer, pero sabía que no podía no hacer nada, no podía no contar esto. Tengo miedo de acudir a la U, sé que va a quedar en nada porque no pasó en la universidad, y porque es su palabra contra la mía, y yo no tengo a nadie de mi lado, mientras que él tiene a todo un movimiento (gremial)”.

Pertenezco al Movimiento Feminista de mi universidad y apenas se publicó esta declaración se difundió a nuestro grupo de Whats App, todes estábamos impactadísimes, yo estaba afectadísima; mi estómago se revolvió, me dieron ganas de vomitar, sentí demasiada empatía por la compañera porque a mi también me pasó algo parecido a su relato, me pasó múltiples veces.

He vivido miles de situaciones de abuso y violencia por parte de mis ex novios. Tengo pésimo ojo para elegir hombres y eso me ha hecho estar soltera por 2 años aproximadamente. En mi última experiencia desarrollé un trauma: ahora me asustan los hombres que intentan coquetearme o tener algo conmigo, entro en pánico (no es broma) y dejo de tener contacto con ellos, corto todo lazo posible, me refugio en mi interior, sufro por dentro (a veces se me sale una que otra lágrima), me aguanto la pena, a veces la transformo en rabia, una rabia que cuando ocurre un caso de vulneración de derechos de otra compañera (o míos) me sale de la cuerpa con tanta fuerza que actúo igual de violentamente que mis exs, una violencia física y verbal tan grande que puedo ser capaz de gritarle a un macho en la cara sin tapujos, de crear conmoción, de ofender a quien se cruce llevándome la contraria u ofendiendo al movimiento feminista, otras mujeres y a mi. Me declaro una guerrera que se construyó cayéndose, dándose porrazos tan grandes que me dejaron cicatrices que jamás podré superar, repito, JAMÁS. Me declaro una luchadora a muerte por los derechos de las mujeres y disidencias, realmente no me importa sacrificarme por les demás que lo merecen, si un neo nazi me apuñala en la calle por andar con el pañuelo verde colgado en mi mochila no me importaría mucho (o al menos eso pienso en estos momentos, tal vez si ocurre me cagaría de miedo), si me meten presa por luchar por nuestros derechos creo que tampoco me importaría; me considero una revolucionaria que, aunque a veces se sienta mínima no se rendirá.

Como conté en la entrada “Mi Verdad” a los 16 años un saco de pelotas (enanas, debo decir) de mi colegio difundió mis fotos sin ropa por toda la ciudad, un hecho que me impactó demasiado, un hecho que me duele hasta el día de hoy, un hecho que me siguen sacando en cara algunos ex compañeros (machos culiaos), un hecho que dejó una marca tan grande en mi que dudo que pueda superar alguna vez. Lo peor, es que al hacer la denuncia con mi mamá y papá por producción y difusión de pornografía infantil el tipo quedó impune por ser hijo de un hombre con poder (no especificaré). Este año, chatísima de guardarme la rabia, grité a los cuatro vientos ciertos casos de violencia de genero que he sufrido, dentro de ellos lo de las fotos y, ¿saben qué? Uno de los agresores implicados se querelló en contra mía por calumnias para “limpiar su honra” y el cochino de las fotos aparece como testigo en el documento (para que vean el sistema de mierda patriarcal en el que vivimos).

Mi vida ha sido imposible desde que me envalentoné a decir la verdad, desde que me atreví a visibilizar la violencia que TODAS sufrimos desde pequeñas, desde que me sentí lo suficientemente empoderada para denunciar oficialmente años después de los abusos.  El apoyo que recibí por parte de la comunidad feminista fue tremendo pero pasajero, la violencia que he recibido por el resto de la sociedad ha sido permanente hasta el día de hoy. He vivido con miedo de salir a la calle desde que denuncié los casos ya que antes de la querella recibía amenazas de diferentes calibres todas las semanas por 5 meses. Pensé en suicidarme reiteradas veces, me subieron las dosis de anti-depresivos, pero mi trauma post-alzar la voz es tan grande que no me funcionan del todo, algunos días sigo viendo todo gris, algunos días digo “ojalá pase un camión y me atropelle”. Ese es el nivel de depresión que genera una denuncia por violencia (tampoco especificaré de que tipo por mi seguridad) dentro de este sistema nefasto; y no es algo que sólo me pase a mi, le pasa a la mayor parte de las mujeres que denuncian, el miedo nos consume, el miedo lleva a muchas al suicidio y es horrible. 

Yo he tenido que llevar la facha de “mujer empoderada” y activista todo este año mientras por dentro me siento mínima, me siento una hormiga, un ratoncito temblando de miedo cuando es encontrado entre la leña, es por esto que me desmoroné cuando leí el testimonio de mi compañera de universidad, era tan explícito, tan real y detallado que me llego directo al corazón, volví a vivir las experiencias de abuso físico, psicológico y sexual que he sufrido en pocos segundos, me sentí pésimo, me deprimí mucho ya que me puse en su lugar y me imaginé a la chica igual que yo, temblando entre lágrimas y hecha “bolita” en algún rincón de su pieza. La cita que puse al inicio del post me identificó tanto porque en la primera audiencia del juzgado, al ver a mi agresor y a toda su familia escrutándome con caras de “¿qué le hiciste a mi hijo maraca culiá por qué eres tan cruel?” me vino un ataque de pánico interno, tirité y lloré junto a mi abogado, pero al mismo tiempo debía mantener la compostura, la imagen de mujer empoderada y segura de si misma. Fue horrible encontrarme con él, no estaba preparada y nunca lo estaré.

El día de ayer iba por la calle con mi mamá y me encontré con el que publicó mis fotos. Yo sentía que alguien me miraba y me dí cuenta que era él, estaba con una joven (compañera no sabes lo que te espera, te deseo lo mejor, enserio, con todo mi corazón sororo) y cuando vio que lo miré se puso a besarla. Le dije a mi mamá “oye mira ahí está x” y ella también me respondió “con razón sentía que alguien nos miraba”. Seguimos caminando y después de contarle a mi madre lo mucho que me afectó la situación me dijo “deja de vivir en el pasado”, yo estaba tiritona, impactada; cosas así no se pueden superar como si nada, no se pueden borrar de la historia personal…

Camino a mi casa toda mi desgracia se transformó en furia, una furia tan grande que me ha durado hasta hoy. Una impotencia tremenda en contra de este sistema patriarcal que nos rige en donde los agresores de mujeres salen impunes, en donde la tasa de condenas por violencia de género llega al 10% y donde socialmente se defiende al macho y se ofende a la mujer víctima.

No entiendo el afán, incluso de féminas, por poner en un altar a violadores, abusadores y agresores de mujeres, no entiendo la opresión tan grande que existe que les lleva a hacer vista ciega ante este tipo de situaciones, no entiendo el hecho de seguir perpetuando este tipo de conductas y la intención tal vez inconsciente de las compañeras a seguir sometiéndose, lo sé, no tenemos la culpa, pero pucha, si se sabe que tal susodicho es un maltratador/agresor/abusador ¿por qué accedes a que te “conquiste”?, lo pongo entre comillas porque eso es lo que hacen, nos claman como propiedad y hacen lo que quieren con ella, ¿por qué nos dejamos?.

Hoy mi corazón esta dolido no solo por mi, sino que por todas las compañeras que sufren violencia de género, que han sido violadas por familiares o novios, que han sido maltratadas y que nunca se han atrevido a denunciar por miedo.

Sólo debo decir que siento un eterno amor por todas ustedes, que si pudiera y las conociera las abrazaría a todas, tal vez ese amor es provocado por lástima, prefiero no verlo así.  Quiero que sepan que si se atreven a hacer sus casos públicos siempre tendrán mi #YoTeCreo porque en estas circunstancias no se puede desconfiar, no se puede no creer, no nos podemos cegar ante situaciones que llegan a ser femicidios y que son tan ignoradas por la gente que se siguen practicando.

Prometo que JAMÁS ignoraré ni desestimaré sus testimonios, independiente de su clase social, color o ideología política. De mi siempre tendrán un AMIGA YO TE CREO.

Saludos y buen fin de semana.

Ilustración por Vera Yin Yang