La máquina de hacer hijos es nuestra condena.

Si de hablar en términos veinteañeros se trata, hace unos meses hice match con Lina Meruane en su diatriba “Contra los hijos”. Entre las primeras ideas que subrayé en este libro está la que le da título a la columna. La verdad, si fuera por estar de acuerdo, debería haber subrayado el 95% de la cartilla. Escribo esta columna como un llamado de atención a quienes creíamos que nuestra concepción como “máquinas de hacer hijos” ya era cosa del pasado.

Foto en blanco y negro en la que aparece a color únicamente el libro de Lina Meruane "Contra los Hijos", bajo una mamadera con agua.

Es mi primera columna pública y corresponde que dé un dato personal importante que tiene una alta incidencia en mis posturas frente a este tema: A mis veintiún años, tengo un hijo de casi tres. Ya sea por A o por B, fui una máquina de hacer hijos.

Meruane expone el contrato de la maternidad tan despiadadamente como suena (quizás porque lo es), y aborda el constante avanzar-y-retroceder que ha conllevado el tema de la crianza en la lucha feminista. Por nombrar algunos puntos en concreto, me refiero a las luchas por acabar con el concepto de mujer-madre, que se vieron mermadas por mujeres reclamando su derecho y rol inamovible en la maternidad. “El lugar de la mujer es en la casa, definitivamente”, “No veo que haya algo que cambiar”, decían algunas opositoras a la liberación femenina en los 60s. También hablo de la lactancia materna. Cuando la industria hacía por fin algo en favor de la mujer-madre y traía la leche en fórmula a su vida, aparecieron otras mujeres con su “breast is best”, desestimando lo que Simone de Beauvoir calificara como una “servidumbre agotadora”, imponiendo la lactancia-materna-al-natural como la única forma, como lo único válido. Avanzamos y retrocedemos porque nos saboteamos dentro de las propias filas del género. Avanzamos y retrocedemos porque asumimos que cualquier mujer cisgénero es feminista.

El fin de semana pasado llegó a mi puerta, en la sección “Tendencias” de La Tercera, la nota “La voz de los jóvenes”, con los resultados de un trabajo levantado en 2009 en torno a percepciones de la población joven chilena. Las cifras dan cuenta de un ligero avance cultural, aunque me hizo pensar más de una vez en que “queda tanto por hacer aún”. Revisando en las secciones de proyecciones, mujer y trabajo, fui directo a los temas en torno a la crianza y lo doméstico. En efecto; más hombres que mujeres jóvenes siguen asociando el trabajo doméstico como algo exclusivo de la mujer. “Ser dueña de casa es tan gratificante como cualquier trabajo”, “la mayoría de las mujeres en realidad desean es un hogar e hijos”, son parte de las premisas que fueron menos reprobadas por hombres que por mujeres.

Y, aquí lo que quiero destacar: Es mayor también el porcentaje de hombres que quieren tener hijos, que el de las mujeres.

Lo entiendo. Los cuerpos gestantes lo entendemos, porque es evidente que quien gesta considerará más de una variable a la hora de decidir criar, de decidir parir, de decidir adoptar. ¿Qué repercusiones tendría en quienes siguen asociándonos a lo doméstico, el hecho de tener un hijo? La crianza sigue siendo fuertemente asociada a la mujer, y todavía pareciera ser bastante válido que el padre se desentienda de su rol, así como preocupante que la madre lo haga. Traduzco mi pregunta. ¿Qué repercusiones tendía en los hombres el hecho de tener un hijo? Ninguna, y he aquí la explicación a que sea mayor la cantidad de hombres que quieren tenerlos, porque sigue vigente el tenerlos y no criarlos.

Dicho lo anterior podemos entender a nivel país la postergación constante del trabajo sobre derechos reproductivos.

El Estado sigue funcionando con una composición principalmente masculina, así como todo el sistema legislativo. Sigue habiendo mujeres cisgénero no-feministas a las que no estamos llegando como deberíamos. En efecto queda mucho por hacer si queremos llegar a ser libres de decidir, libres de dar pecho o fórmula, libres de trabajar y/o criar y/o estudiar, libres de ser o no la máquina de hacer hijos. No debería un Estado promover la procreación si no cumple con derechos reproductivos básicos. Y nuestro rol no es otro que el de seguir en la lucha por ellos. Hablando en los mismos términos tipo “mujer-rol” que usa Lina Meruane en su libro, me gustaría acuñar el concepto de mujer-luchadora, porque es el único rol válido cuando queda tanto por hacer.

* En el tintero: Prefiero hablar de “crianza” antes que de mater-paternidad, porque ¿Dónde queda el espectro no binario? Ese es uno de los temas que Meruane no toca en su libro, sin embargo, me parece importante que empecemos a adquirir la costumbre de usar el concepto “cuerpo gestante” y con esto de separar la gestación como exclusiva de la mujer-cisgénero.

Fuentes:

“La voz de los jóvenes”, de La Tercera https://www.latercera.com/tendencias/noticia/la-voz-los-jovenes/455915/

“Contra los hijos”, Lina Meruane. Random House.

La foto es de mi autoría (Constanza C. Marín).